Ensayo: Maldición del Sol Negro

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Andrzej Sapkowski, durante toda la obra de la Saga de Geralt de Rivia, nos ha estado ofreciendo diversas referencias a nuestra historia real, la mitología y el folclore, como también las historias con las que hemos crecido desde pequeños. Está claro qué ha tenido como referencia y no ha podido dejar de influenciarse de autores más antiguos muy reconocidos, pero sobre todo ha bebido mucho de la cultura eslava de su zona, la cual, como la metáfora de la fuente de Plotino, a su vez recibe influencias de las mitologías nórdicas.

Por ello, el cuento de El Mal Menor, del primer libro de la saga, lo refleja muy bien. Para empezar, toda la historia de Córvida o Renfri nos conduce a una historia que todos conocemos, Blancanieves, recopilada por los hermanos Grimm en su extensa investigación que condujo a publicar varias versiones, reformadas una detrás de otra, de los cuentos que habían llegado a su época en Alemania, unos apenas recientes y otros que se podrían remontar varios siglos atrás. Esta historia, para los que no se hayan leído los libros, está representada en la serie en su episodio piloto, llamado El principio del fin, que venía acompañado de un símbolo característico, un sol de trece puntas empezando a ocultarse por la luna.

Esta historia sucede en Blaviken, población asentada en Arcomare, una región del reino de Redania, donde Geralt (Hery Cavill) se presenta ante la torre del mago del pueblo tras ver que la kikimora no iba a servir de nada para el alcalde del pueblo. Este mago era Stregobor (Lars Mikkelsen), aunque se hacía llamar Irion en honor al autor de la torre en la que reside, donde ha estado habitando desde hacía un año, porque venía huyendo de Renfri (Emma Appleton), hija del conde Fredefalk de Creyden quien, tras la desaparición de su esposa, se casó con Aridea, la cual heredó de sus ancestros nigromantes un Espejo de Nehalena. Este espejo la vaticinó una muerte horrible a manos de Renfri, así que la mandó al bosque con un cazador. Con ella estuvo confabulando Stregobor porque, al parecer, Renfri nació poco después de un eclipse.

Stregobor empezó a vigilar a Renfri porque decía que era una mutante, esta suposición se debía al eclipse solar en el que había nacido. Estaba obsesionado con esto por culpa de las teorías de un mago llamado Etibaldo, el cual empezó a promulgar la Maldición del Sol Negro, y por eso también fue conocida como «La Manía del Loco Etibaldo», porque comenzó la persecución en la que mataron o encerraron en la cárcel a decenas de muchachas de nobles familias, incluso de la realeza que, según Etibaldo, estaban malditas o poseídas por demonios debido a lo que llamaba el Sol Negro, el cual era un eclipse solar, pero que aunque parezca un tontería hoy en día, todas las culturas tienen cierto misticismo con este evento astronómico. Estas chicas fueron encerradas en torres, y cuenta Stregobor que se impuso la moda de liberarlas, algo que a ellos no les convenía.

Dentro de la obra de Sapkowski, el Sol negro tenía que anunciar la llegada de Lilit, o Niya como era llamada en Oriente, y el holocausto de la raza humana. El camino para Lilit habían de prepararlo «sesenta bestias de oro coronadas, que con ríos de sangre los valles llenarán». A priori, lo primero que se nos vendría a la cabeza sería la famosa Cacería Salvaje que da nombre al tercer videojuego de CD Projekt Red, aunque también aparecen en los libros, empezando por Tiempo de Odio cuando comienzan a seguir a Ciri (Freya Allan), aunque en La Dama del Lago hay otro séquito de caballeros elfos que empiezan a seguir a Ciri a través de los mundos, los cuales ya habían dejado una buena carnicería en su propio mundo.

Claro que aquí el símbolo más importante es la propia Lilit, la cual es conocida a través de la mitología real como la primera esposa de Adán, al menos desde la cultura hebrea, porque parece ser que proviene de la mitología mesopotámica, cuando los judíos fueron exiliados en Babilonia volvieron con varios de estos mitos, que cambiaron de forma por la mala experiencia que tuvieron fuera de su hogar.

Collier John (1892)

Lilit fue asociada a la noche, y por ello ha trascendido a la cultura como la madre de los demonios, es decir, cuando abandonó el Paraíso al pronunciar el nombre de Yahvéh, se llevó a los hijos que tuvo con Adán. La propia Ciri, aunque no conste que naciese cerca de un eclipse, es próxima a esta profecía, ya que tanto Emhyr como el rey de los Alisos y Vilgefortz tenían la idea de tener un hijo con Ciri, además de que el propio rey comenta la llegada del holocausto al mundo de los Reinos del Norte por una glaciación de la que la humanidad no está preparada.

Hay un detalle en la serie recién estrenada que da cierta profundidad al personaje de Stregobor cuando está contando la profecía a Geralt, en vez de decir «sesenta bestias» lo cambia por «sesenta mujeres». Así, está consiguiendo acentuar la profecía sobre las mujeres nacidas durante un eclipse, cuando en ningún momento se estaba refiriendo a las mujeres la profecía original, además es una forma de llamar bestias a estas mujeres y hacer ver al brujo que Renfri no es tan diferente de los monstruos a los que suele matar. Una apreciación más de la serie es que menciona que dichas mujeres nacen justamente cuando la oscuridad cierne sobre ellos, pero en los libros no es así, sino que llegan al mundo en momentos cercanos al eclipse, no en ese momento.

A la hora de capturar a las niñas, por lo menos doce de estas fueron diseccionadas e incluso una mientras vivía. Según el propio mago, se encontraron en el cráneo una especie de esponja roja, los órganos internos entremezclados o algunos inexistentes, corazones con seis ventrículos o atrofiados.

Se escuda también en ciertos ejemplos de mujeres que nacieron cerca de un eclipse y que al crecer sembraron el caos: Silvena, la princesa de Narok, al norte de Povis, alcanzó el poder demasiado pronto, no llega a explicar si llega a cometer alguna situación maléfica; Fialka, hija de Evermir de Velhad del Norte, quien aterroriza a la gente tras escapar con una cuerda hecha  con trenzas; lo curioso de esta princesa no es su similitud con Rapunzel, sino que fue el nombre que se le otorgó a la máquina de encriptación soviética muy similar a la alemana Enigma, esto es más interesante cuando sabes que Andrzej Sapkowski fue espía soviético en su tiempo. Precisamente la máquina que se exhibe en el Deutsches Spionagemuseum de Berlín tiene el teclado en polaco y su nombre significa «violeta» en ruso; por último, pone el ejemplo de Bernika, del antiguo reino de Talgar, liberada por un príncipe que ahora está en una mazmorra ciego, y que en esa zona se ha popularizado el cadalso.

En la expansión de The Witcher 3: Blood and Wine, Sylvia Anna fue expulsada del ducado de Toussaint por haber nacido durante un Sol Negro, siendo la hermana mayor de Anna Henrietta, y quedando su nombre en el olvido. Aquí hay que hacerse una pregunta: ¿estas mujeres se comportaron así porque el eclipse solar les afectó, o debido a cómo las trataron por la casualidad de haber nacido durante ese acontecimiento?

El eclipse solar, es un hecho astronómico que ha estado presente en todas o casi todas las culturas de la Tierra. En la Völuspa, una de las historias más importantes de las sagas nórdicas, una völva (adivina) cuenta a Odín lo que ocurrirá en el Apocalipsis de los pueblos germanos, el famoso Ragnarök, durante el descrito fin de los dioses jóvenes, el Sol se volverá negro, después de que Skoll, uno de los hijos del lobo Fenrir, que tuvo con una giganta, robase el sol del carro tirado por los caballos Arvak y Alsvid. Algo similar ocurría en Corea, donde el rey de la oscuridad enviaba a sus perros para robar el Sol, pero volvían al quemarse la boca. En China se consideraba que el Sol era devorado por un dragón celestial, por eso se utilizaba para denominar al eclipse con la palabra “comer” (吃) en su idioma. En Vietnam era devorado por un sapo.

Pero hay que aclarar, que se acentuaban sobre todo en los eclipses solares totales, que no eran tan frecuentes y debido a que todas la culturas han propiciado sus estudios, como podemos ver en América con sus pirámides escalonadas o los Zigurats de Mesopotamia que, aunque eran foco de rituales por su nexo acercamiento al mundo de los dioses, también se utilizaban para el estudio astronómico. Estos eclipses podían predecirse a pesar del concepto geocéntrico que tenía la mentalidad, concepto que perduraría debido a la idea de cuerpo esférico perfecto y órbitas circulares que hacían fallar las predicciones heliocéntricas.

La palabra eclipse procede del griego, la cual significa «abandono», ya que parecía que los dioses los abandonaban, lo que hacía un mal presagio para las civilizaciones, o incluso adoración, ya que podría ser un mensaje de los dioses. En Babilonia se estudiaba como unos presagios. Además, dependiendo de si se veía Júpiter o no, el rey tendría la posibilidad de salvarse. Por otro lado, dio origen a una leyenda para explicar un cambio dinástico, como ocurrió en China con el paso de la dinastía Shāng a la dinastía Zhōu. En Egipto creían que Set arrancaba los ojos de Horus (Sol y Luna) y se los tragaba. La vuelta a la visibilidad era gracias a la intervención divina de Ra, con lo que llegaba una renovación del mundo.

En América, los mayas veían la dualidad del dios jaguar Kinich Ahau de la vida y la muerte, donde las mujeres colocaban una piedra de obsidiana a sus bebés cuando ocurría un eclipse; frente a la concepción que tenían los Incas de dicho eclipse, quienes lo celebraban porque supuestamente copulaban los dioses Sol y Luna ya que ellos se consideraban descendientes del Sol y la Luna. La civilización azteca o mexica iba más allá, aunque como para los egipcios era un signo de renovación, su mito consistía en el sacrificio de Nanahuatzin en el fuego para crear el quinto sol, el cual iluminaría a la humanidad durante la era en la que nos encontramos. Así mismo, creían que las estrellas que había durante el eclipse eran los demonios Tzitzimime, mujeres esqueleto que volaban y devoraban a los hombres durante esos minutos.

Ahora bien, no hay que irse muy lejos de nuestra época para creer en estos mitos, más concretamente nos teletransportamos a la Segunda Guerra Mundial y un poco antes, con la creación de partido Nazi, cuyo idealismo estaba basado en filosofía ocultista del nazismo; más en particular, de las Escuadras de Protección que estaban al servicio de Adolf Hitler y del partido Nazi. Su base se encontraba en el castillo de Wewelsburg, situado en el Estado confederado alemán de Renania del Norte, el cual, en base a su ideología tenía como símbolo el Sol Negro, conformado por dos círculos concéntricos formando una rueda solar, de cuyo centro parten doce rayos que, al acercarse al exterior, se doblan para formar la runa protonórdica «sowilo», que significaba Sol, y que además son las runas que forman el símbolo de las Escuadras de Protección, con lo  que  ayuda a formar seis esvásticas dentro del símbolo, el cual no llega a ser negro del todo, sino que es verde oscuro y da la sensación de ser negro al verlo desde cierta inclinación.

Hay un porqué para el que esté ese símbolo solo en ese castillo y en ese lugar. Volvemos al misticismo, porque ellos querían crear un símbolo de poder ahí, un nexo entre las tres regiones cósmicas: la tierra, el cielo y el infierno, el centro del todo el mundo, como cualquier otra religión. El centro es el punto de partida del movimiento, de lo uno a lo múltiple (como podemos ver en los doce rayos, que al ser un símbolo solar delimita los meses en que tardamos en rodear al Sol), de lo interior a lo exterior, de lo oculto a lo manifiesto, de lo eterno a lo temporal. El círculo tiene las propiedades simbólicas de la perfección, la homogeneidad y la falta de división, la imagen idílica para expresar el sentido cíclico del tiempo como una sucesión continua e invariable de instantes, como podemos ver en el Uroboros tan importante dentro de la obra de Sapkowski. Es más, al poner el símbolo en el centro del «templo» está acentuando el nexo entre cielo y la tierra, porque el templo en todas las civilizaciones va a significar la unión entre estas dos regiones cósmicas, así como su nombre «templum», que significaba el sector del cielo que se delimitaba con ayuda del báculo y con el cual observaban los fenómenos naturales, como por ejemplo los eclipses.

La finalidad de este movimiento era crear una religión única, donde comenzaron a prohibir el uso de otras religiones, en especial el judaísmo, como ha pasado a la historia ese genocidio. Solo quedó exenta una religión, el budismo, pero no por ideales cercanos o inspirados, sino para no despreciar a su fuerte aliado japonés.

Varias culturas, y sobre todo los Celtas, celebraban una fiesta llamada Beltane la noche del 30 de abril al 1 de mayo, que coincide con la Fiesta de Belleteyn dentro de la obra de Sapkowski. Este es un gran día en muchas religiones, ya que da comienzo a la llegada o advenimiento del verano, que en el hemisferio sur coincide con el 31 de octubre. Además, coincide con la supuesta muerte de Adolf Hitler (seguramente elegido este día, aunque no fuese cierto, a propósito). Yennefer y Ciri nacieron durante esa fiesta en La Saga de Geralt de Rivia.

Aunque lo más importante del ocultismo nazi era que ellos se sentían por encima del resto, la raza aria tan famosa, por lo que debían crear una religión acorde con la raza, así que debían quitar cualquier similitud que tuviese el cristianismo con el judaísmo; algo a priori imposible, ya que tienen la misma fuente junto al islam. Ellos creían que su supremacía sobre el resto de las razas emanaba del Sol de doce rayos.

Con esto, hay analizar que tanto para esta secta que casi cambió el mundo por completo como para el mago Etibaldo que comenzó con la masacre de unas niñas, utilizaban un hecho astronómico que podría atemorizar a la gente para llevar a cabo un fin con el que ellos creían, o al menos hacían creer, que podrían salvar al mundo, así como los sacrificios aztecas que hacían durante los eclipses como su legendario héroe. Extrapolando del suceso astronómico, tenemos las famosas liceas que dieron lugar al mito del hombre lobo en Grecia, donde empezaron a sacrificar niños para contrarrestar el ataque de los lobos a animales.

Es difícil comprender la mente humana, pero estamos ante un sacrifico humano, tanto de las niñas en las torres, como de los humanos en los campos de concentración que, aunque para ellos signifique «el fin justifica los medios», deja claro una falta de humanidad o una desvirtualización de la realidad, y que como dice el propio Geralt: «El mal es el mal, Stregobor. Menor, mayor, mediano, es igual, las proporciones son convenidas y las fronteras borrosas. No soy un ermitaño, no siempre he obrado bien. Pero si tengo que elegir entre un mal y otro, prefiero no elegir en absoluto.»

Lorenzo Prado
Lorenzo Prado
Estudiante de Historia de los Reinos del Norte en la Academia de Oxenfurt

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